Además, no hay una edad determinada para que un niño/a logre relajarse correctamente. Tampoco existe un tiempo concreto en el que el niño tenga que aguantar totalmente quieto y calmado. Cada niño y niña tienen sus propios ritmos y su propia personalidad, que harán que se relajen con más facilidad o no. Y por ello, nosotros como docentes, debemos conocerlos bien para saber qué es lo que mejor puede funcionar con ellos/as, para ayudarle en el proceso y sobre todo para motivarlos a que a su propio ritmo, vaya consiguiendo un nivel mayor de atención y concentración.
Por estos motivos, es importante realizar en el aula de infantil talleres o actividades de relajación, en mi caso he planteado las siguientes actividades:
- 1º Juego de relajación: EL ÁRBOL
Se le dice al niño:
Imagina que eres un árbol. Se coloca en cuclillas y se le dice que de repente, empieza a crecer lentamente a la vez que se va
incorporando.
Para crecer aún más, estira los brazos todo lo que sea posible como para tocar el cielo. Después, el árbol florece, imagina el olor
de las flores, se aguanta en esa posición de tensión unos segundos y a continuación se le dice que se le empiezan a caer las hojas
suavemente y despacio. El niño empieza a bajar los brazos despacio, empieza a encogerse, hasta que cae en el suelo lentamente y
permanece ahí un rato completamente relajado.
Variante: Imagina que eres un árbol muy alto, con el tronco muy duro, las ramas muy duras y estiradas. Así mantiene unos
segundos la tensión del cuerpo. De repente empieza a soplar un viento fuerte que agita el tronco, las ramas, de modo que se
tambalea a los lados sin moverse de su posición en el suelo, ya que las raíces están agarradas en la tierra. Cada vez sopla más y
más aire, hasta que el árbol cae al suelo y queda descansando en él.
- 2º Técnica de la tortuga:
Imagina que eres una "tortuguita" que a veces se enfadaba con facilidad. Cansada ya de pelearse con sus amigos, decidió un día
que, cada vez que se enfadara, se metería muy dentro de su concha y solo saldría cuando su enfado hubiera pasado.
Cada vez que escuchemos la palabra “tortuguita” tenemos que hacer como ella: pegar con fuerza los brazos a nuestro cuerpo y
meter la cabeza entre los hombros, sintiéndonos muy tensos. Después de unos segundos manteniendo esta tensión, la "tortuguita" asoma la cabeza, sintiéndose ahora muy relajada y feliz.

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